Unidad 03: La justificación del pecador que se convierte es solo por fe y gracia
La justificación del pecador que se convierte es solo por fe y gracia.
Rom 3:28 Así que consideramos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley.
Es de suponer que el impío no tiene conocimiento de los mandamientos del Señor, por eso al momento de su conversión, el Eterno no le va a demandar obras o el cumplimiento de mandamientos, porque esa persona no puede hacer o cumplir lo que no sabe. Es suficiente con que aquel que se convierte al Señor (el impío) crea que el Hijo de Dios (Jesucristo), es el único mediador entre Dios y los hombres 1Ti 2:5 y crea que él le podrá perdonar y salvar, de esa manera la gracia de Dios (favor inmerecido) le alcanzará Rom 3:24 y será justificado por gracia y por fe Rom 3:28, es decir, el Señor le declarará justo aún sin serlo, y al declararlo justo, lo estará admitiendo como uno de su pueblo, porque habrá nacido de nuevo si su conversión es de corazón Jua 3:3. Esta clase de justificación fue la que llevó al ladrón que fue Crucificado al lado a la salvación, pues este hombre no tenía obras de justicia para ganarse el cielo Luc 23:42-43.
El Acta de los decretos que tenía el impío en contra es clavada en la cruz de Cristo
Col 2:14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,
Cabe destacar que todo impío tiene muchas sentencias (decretos) en su contra por haber transgredido la ley del Eterno en toda su vida desde su niñez. Estas sentencias son como un expediente (acta de decretos) donde aparecen todos los mandamientos y estatutos que ha quebrantado y los juicios o castigos que le corresponde por haberlos transgredido, y muchas de esas transgresiones tendrán como sentencia la muerte 1Jn 5:16-17, como son el caso de maldecir a los padres Éxo 21:17, el secuestro Éxo 21:16, el adulterio Lev 20:10, la brujería Éxo 22:18, la fornicación Deu 22:20-21 y la idolatría (entre otros).
Sin embargo, en el mismo instante que el impío acepta a Jesucristo como Salvador y Señor de una manera genuina, el acta de los decretos que tenía en su contra, ahora es clavada en la cruz de Cristo, por lo que todos sus pecados le son perdonados, para iniciar una nueva vida y con un expediente totalmente limpio, porque Cristo pagó con su muerte, todas las sentencias de muerte que el pecador arrepentido tenía que pagar por sus pecados pasados Col 2:13-14.
Cabe destacar, que a partir del momento de la conversión se comenzará a armar un nuevo expediente con decretos o sentencias que se generarán como consecuencia de la desobediencia de los mandatos y mandamientos que el Eterno vaya enseñando al nuevo creyente, porque el converso ahora está obligado a aprender las leyes del reino y a obedecerlas, porque Cristo no solo es Salvador sino también Señor y Rey Mat 6:33, 2Pe 2:21, Heb 10:26-31.
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