UNIDAD 06: *Cómo define la Sagrada Escritura La Ley de Dios
Cómo define la Sagrada Escritura La Ley de Dios
La mejor definición acerca de “La Ley de Dios” que podemos manejar nosotros los que pertenecemos a su pueblo, es aquella que está fundamentada en la misma Sagrada Escritura, y en ella podemos encontrar de manera implícita las siguientes definiciones:
El Sal. 78:1 dice “Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca”: según este Salmo, La Ley de Dios no es otra cosa que la Palabra de Dios. Eso quiere decir que cada vez que decimos “la Palabra de Dios dice”, estamos también diciendo “La Ley de Dios dice”. A algunos les puede sonar extraño cuando se habla acerca de la ley de Dios, pero no entienden que estamos haciendo referencia a lo mismo que ellos llaman “Palabra de Dios”.
1Jn. 3:4 dice “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley”: según el apóstol Juan, La ley de Dios es aquella que se infringe cuando alguien comete pecado. Eso quiere decir, que cada vez que se comete algún pecado, lo que se está haciendo realmente es infringiendo uno de los preceptos o mandamientos de la Ley de nuestro Dios. Por tanto, si alguien afirma que ya no existe La Ley de Dios, o que ésta fue abolida o derogada, pero a su vez afirma que sí existe el pecado, ha caído en una contradicción, porque el pecado existe como consecuencia de que existe primeramente la Ley de Dios.
La palabra pecado aparece escrita al menos unas 110 veces en el Nuevo Testamento y siempre que aparece escrita, se refiere a un acto que es desagradable para Dios o que transgrede su Palabra. Por tanto, como en el Nuevo Pacto aún existe el pecado, entonces también existe la Ley de Dios porque es ella la que lo señala. Al respecto el Apóstol Pablo también nos dice en Rom. 5:13 que “donde no hay ley, no se inculpa de pecado”, pero como el pecado sigue existiendo porque Dios sigue aborreciéndolo, entonces necesariamente también existe La Ley de Dios que lo señala. Si decimos que la ley fue abolida, entonces también estamos afirmando que el pecado fue abolido, porque si no hay ley, tampoco hay pecado, pero esto realmente no ocurrió así. Mat. 5:17 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.
Según Rom. 3:20, La Ley de Dios es la que nos da el conocimiento del pecado. Eso quiere decir, que si no tenemos conocimiento de la Ley, tampoco sabremos discernir entre lo que es bueno y lo que es malo, y seremos inmaduros en la justicia como señala Heb. 5:12-14, por lo que podríamos llegar a pensar que no estamos pecando cuando sí lo estamos haciendo (por causa de nuestra ignorancia) y esto es una demostración de que no conocemos la verdad de Dios 1Jn. 1:8 y que por tanto no somos libres Jn. 8:32, sino que estamos cautivos por causa de nuestra ignorancia Isa. 5:13.
Si la verdad de Dios no está en nosotros (su Ley) también es una demostración de que la Palabra de nuestro Dios (su Ley) no está escrita en las tablas de nuestra mente y corazón 1Jn. 1:10 y esto pone en duda el hecho de que seamos pueblo suyo y de que el Dios del Cielo sea realmente nuestro Dios Heb 8:10 Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo.
Según Éxo. 24:7, La Ley de Dios es el libro de su pacto. En el pasado, en muchas ocasiones cuando se hacía referencia a la Sagrada Escritura, se le llamaba a esta con el nombre de “el libro de la ley” o “el libro del pacto”. Por tanto, toda la Sagrada Escritura es hoy el libro de la ley del Nuevo Pacto (no solo el Nuevo Testamento), porque allí están escritas todas las promesas o bendiciones del Nuevo Pacto y también están escritos todos los preceptos que debe guardar el pueblo que ha entrado en el vínculo del Nuevo Pacto. Pablo en una de sus cartas a Timoteo enseña que toda la Sagrada Escritura (tanto antiguo como nuevo testamento aunque el nuevo aún no se había escrito), es útil para enseñar y corregir conforme a la justicia de Dios 2 Tim. 3:16-17.
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